Hoy he colgado cerca de un verde cocotero
las resistentes cuerdas de mi sutil hamaca,
y somnoliento miro vagar por la. resaca
un toro indiferente, dos vacas y un ternero.
Esta tranquilidad, verdad, que la prefiero,
ni humano bullicio que hace la vida flaca.
Aquí todo es sencillo: marisma y albahaca,
el mar luciendo espumas y lizas el estero.
Ahora, sí, escribiré un soneto marino,
mirando los rebaños de los distantes bajos
y recibiendo un fresco de plácidos antojos.
Pues en resumen veo, y en mi interior opino,
que la vida es absurda si se le busca atajos
y en todas las resacas refrescan nuestros ojos.